FACUNDA MARGENAT ROURA

1. GERONA. UNA CIUDAD EN CRECIMIENTO
2. UN IDEAL: SER HERMANA DE SAN JOSÉ
3. UNA VIDA AL SERVICIO DE LOS ENFERMOS
4. ÚLTIMO DESTINO. BARCELONA
5. DENUNCIADA POR SER RELIGIOSA
6. CAMINO DEL MARTIRIO

 

1. GERONA. UNA CIUDAD EN CRECIMIENTO

A FINALES DEL SIGLO XIX.


Gerona es una ciudad de Cataluña, España, capital de la provincia del mismo nombre y de la comarca del Gironés. La atraviesan los ríos Ter, Oñar, Güell y Galligans.
Tiene su origen en asentamientos de los iberos. Hacia el 77 a. C. Pompeyo construyó una fortificación sobre la Vía Augusta y los ocupantes romanos fundaron la originaria Gerona, denominada en latín Gerunda. La ciudad tuvo su primer período de esplendor como diócesis de la Iglesia unida a la sede metropolitana de Tarragona. Los musulmanes llegaron hasta Gerona pero permanecieron poco tiempo por la cercanía con el imperio carolingio. Gerona tuvo especial importancia por su situación, cercana a la frontera. En este tiempo se convirtió en un condado
Las nuevas murallas reforzaron la plaza fuerte y ampliaron la superficie de la ciudad sirvieron de protección frente a los ataques por parte de los ejércitos franceses en numerosas guerras europeas.
Las tropas hicieron su primera entrada en Gerona el en febrero de 1808. Cuando en 1814-1815, las tropas napoleónicas abandonaron definitivamente el suelo español, Gerona recibió la denominación de Inmortal.
La venida el rey Fernando VII desde Francia fue un acontecimiento para la ciudad, llegando un tiempo de tranquilidad para los ciudadanos.
Fue establecida capital de la provincia, se construyó el puente de piedra, llamado de Isabel II, para comunicar las dos partes de la ciudad separadas por el río. El desarrollo de la ciudad fue creciendo lentamente, llegaron las comunicaciones por telégrafo y ferrocarril y prosperaron diversas industrias como

 

 

las de hilaturas, de papel, etc. Se abasteció a la ciudad de luz eléctrica y agua corriente. Se reorganizó la universidad de Gerona con las facultades de Derecho, Letras, Medicina y Farmacia, así como los institutos de enseñanza media, aunque su desarrollo como ciudad fue lento.
Hacia 1889, perdió la categoría de plaza fuerte que ostentaba y se permitió el derribo de una parte de las murallas del sur de la ciudad.
Gerona empezó a tomar la forma que tiene hoy en día.

 

 

UNA FAMILIA SENCILLA Y TRABAJADORA.
En esta ciudad de Gerona vivían Domingo Margenat y Rosa Roura, que habían contraído matrimonio el 24 de septiembre de 1866. Este matrimonio fue bendecido con varios hijos: Domingo, Baldomero y Teresa que fallecieron siendo niños. Después nacieron otras dos niñas que se llamaron Teresa y Catalina. Solamente estas dos llegaron a la edad adulta.
Domingo había sido soldado del Batallón de Gerona, número 57; después de dejar la milicia trabajó como cantero. Cuando se acabó el trabajo de cantero, se hizo jornalero en las huertas cercanas a su domicilio. En este tiempo la familia vivía en la calle Ultonia, número 11, piso primero, al lado del cuartel, que quedaba fuera de las murallas de la ciudad, donde los que residían, se dedicaban al cultivo de los huertos .

 

 

 

NACIMIENTO A LA VIDA Y A LA GRACIA
Teresa nació en 1869 y su hermana Catalina, nuestra biografiada, el día 9 de septiembre de 1876 en una casa de la calle Ultonia, al lado del cuartel donde su padre era soldado. Fue bautizada a los pocos días de su nacimiento en la parroquia de santa Susana del Mercadal, y recibió los nombres de Catalina, María y Rosa.

 

 

 

 
El Obispo de Gerona solía administrar la confirmación en sus visitas pastorales, pero en la ciudad eran muchos los que iban a recibir este sacramento en el palacio episcopal. Este fue el caso de Catalina; sus padres, deseosos de que su hija recibiera la gracia divina con mayor abundancia, la llevaron al palacio episcopal cuando aún no contaba con un año de edad, para ser confirmada por el obispo Mons. Isidro Valls, el día 8 de abril de 1877.

INFANCIA Y ADOLESCENCIA
En 1875, año anterior al nacimiento de Catalina Margenat Roura, se restaura en España la monarquía en la persona del rey Alfonso XII, lográndose firmar la paz con los carlistas en 1876. En Gerona fue celebrada esta paz con grandes festejos, por ser una de las provincias más castigadas por estas guerras.
Ese mismo año 1876, María Gay Tibau y sus compañeras cambian de domicilio, y en el mes de septiembre se trasladan desde la calle La Força a la calle Portal Nou, n. 10. Se les hacía pequeño el piso donde residían, ante la afluencia de nuevas vocaciones. Era por los días del nacimiento de Catalina cuando las Religiosas de San José hacían este cambio.
Vivió Catalina, en un período de relativa tranquilidad que hizo que viviera su infancia en armonía y sosiego. Las agitaciones políticas sólo llegaban a Gerona fomentadas por la prensa, no siempre ecuánime, sobre todo en los finales de siglo cuando se produce la pérdida de Cuba.
En la casa de la familia Margenat Roura se percibía este ambiente tranquilo. El padre había dejado la milicia y se dedicaba a otros trabajos, según la época, lo mismo trabajaba como cantero en los alrededores de la ciudad, que en las huertas cercanas. Desde la calle Ultonia pasaron a vivir a la calle Hospicio, más cercana al centro de la ciudad, para facilitar la asistencia a la escuela de sus hijas Teresa y Catalina.

 

 

 

Catalina era una joven sencilla y piadosa según se desprende de su pertenencia a la cofradía de nuestra Señora de los Dolores. Con su madre y su hermana atendían a las tareas del hogar, aprendían lo que entonces era costumbre en la mujer: ocupaciones propias como cocinar, coser y arreglo de la casa.

2. UN IDEAL: SER HERMANA DE SAN JOSÉ

NOVICIADO EN GERONA
En el noviciado de Gerona, las jóvenes vocacionadas se formaban espiritual y humanamente para ejercer el apostolado entre los enfermos. La maestra de novicias era la encargada de guiarlas en el descubrimiento de sus capacidades y virtudes, así como iniciarlas en la oración personal y en la convivencia comunitaria. Era Maestra de novicias la hermana María Vinardell, que las formaba en los temas de vida religiosa y en el carisma de la Madre Fundadora María Gay Tibau, a la que ella había conocido personalmente. Catalina pasó bastante tiempo antes de ingresar en el Instituto, pues según su sobrina Teresa, tuvo dificultades porque en la familia no terminaban de verlo claro. Admiraba la labor de las hermanas y quería también consagrarse al Señor para dedicar su vida al cuidado de los enfermos. Ingresó el 5 de noviembre de 1894 cuando tenía 18 años como aspirante. El 12 de noviembre de 1895 fue admitida como postulante y la superiora Asunción Pijem la propuso al Sr. Obispo de Gerona para vestir el hábito junto con otras tres jóvenes el 6 de marzo de 1896. Era el ingreso en el noviciado. Era común en esa época el cambio de nombre en la vida religiosa y así Catalina Margenat recibió el nombre de Facunda; esto significaba que en cierto modo se rompía con el pasado.
En este mismo año 1896, el 26 de abril, en la casa Madre se inauguró la nueva iglesia con la celebración de la Santa Misa oficiada por Mons. Tomás Sivilla, seguida de las celebraciones de misas del Director Rdo. D. José Perramón y de los confesores de las hermanas. Asistieron al acto todas las hermanas y novicias de la casa y las superioras de las comunidades más próximas.

 



El 18 de marzo, Facunda, junto con las otras compañeras: Gracia Cabrafiga, Mª Loreto Bordas y Julita Martí, vistieron el hábito según las normas de la Congregación. Cuando comenzó su formación religiosa había en el noviciado 23 novicias, 12 postulantes y 2 recadaderas. Durante el tiempo de noviciado se dedicaron a formarse como la madre Maestra María Vinardell las instruía, sobre todo en las virtudes que había enseñado y practicado la madre Fundadora.

PROFESIÓN RELIGIOSA
Pasados los años prescritos de noviciado según los cánones establecidos por la Iglesia, las jóvenes novicias se dispusieron a hacer realidad su consagración religiosa mediante la profesión de los votos de pobreza, castidad y obediencia. La hermana Facunda y sus tres compañeras novicias hicieron su primera profesión el 11 de abril de 1898.

 

 

 

 

 
Después de estos años de formación, la hermana Facunda comenzó su actividad apostólica con los enfermos de Gerona, practicando las virtudes de la caridad y abnegación, como le habían enseñado.
Un hecho luctuoso vino a empañar un tanto su ánimo por la muerte de su padre Domingo, acaecida en el hospital de Santa Catalina el día 3 de marzo de 1899, dejando viuda y dos hijas, Teresa, la mayor ya casada, y la hermana Facunda.

 


Su fe y confianza en Dios le ayudaron a aceptar esta pérdida, entregándose con mayor decisión a la práctica de la caridad con los enfermos.
Hizo su profesión perpetua en el Instituto años después, según las Constituciones.

3. UNA VIDA AL SERVICIO DE LOS ENFERMOS

MALGRAT DE MAR
Malgrat de Mar (provincia de Barcelona), está situado en la costa mediterránea y forma parte administrativa del pueblo de Palafolls, situado más al interior y más antiguo que Malgrat. La población estaba formada por pescadores y agricultores. El advenimiento del turismo ha hecho de este pueblo un lugar muy frecuentado por numerosas personas procedentes del interior de Europa. Su situación y clima en la actualidad son su principal atractivo.
El 15 abril 1892, llegaron las Hermanas de San José para cuidar los enfermos acogidos en el hospital de Palafolls y en sus domicilios. Bien pronto la población entera se percató del tesoro que tenían en aquellas humildes y abnegadas hermanas, que difundían el consuelo y la paz en los hogares visitados por el dolor y la cruz del sufrimiento.

 

 

 


La hermana Facunda estuvo en esta comunidad hasta 1911 y tuvo ocasión de pasar unos meses con la hermana Fidela Oller, con la que volvería a coincidir en la comunidad de Palamós. De su estancia en este santo hospital y de la atención a los enfermos en sus domicilios, algunas personas ancianas comentaban (1990) la gran caridad de la hermana Facunda, su humildad, pobreza y austeridad en la que vivía, pues entonces se pasaba mucha necesidad y el Hospital era muy pobre. La comunidad y los enfermos vivían en condiciones precarias. Habían de ir por las casas de campo a pedir alimentos para los enfermos del Hospital y nadie se los negaba en la medida de sus posibilidades. La comunidad aceptaba la divina Providencia; había un espíritu de confianza y esperanza en el Señor. A pesar de las circunstancias adversas, las hermanas atendían con mucha caridad a todos, contando con las limitaciones del Hospital. Concretamente tres personas muy ancianas que conocieron a la hermana Facunda y a la madre Fidela, decían que aquellas religiosas eran muy atentas, muy serviciales, muy buenas. Decían que sembraban bondad. Este es el recuerdo que ambas hermanas dejaron entre las gentes del pueblo. Eran verdaderas religiosas y enfermeras.

PALAFRUGELL
El municipio de Palafrugell, está situado en el Bajo Ampurdán en la costa mediterránea, provincia de Gerona. El municipio está formada por el núcleo administrativo o ciudad, en el interior, y al borde de la costa, varios núcleos de población que son en la actualidad activos centros turísticos.
A partir del siglo XVIII el municipio se especializó en el cultivo de la vid y la aparición de la manufactura corchera, la auténtica protagonista del incremento económico, facilitando el intercambio con los mercados europeos y las colonias de ultramar. En el año 1845, durante el reinado de Isabel II, en Palafrugell existían 31 fábricas de tapones de corcho que daban trabajo a unas 327 personas. El corcho produjo una nueva sociedad regida por valores, costumbres, prácticas sociales y formas de ocio modernas debido a los ingresos que supuso la industria del corcho. En el año 1910 contaba con 9000 habitantes. El turismo de mediados del siglo XX ha ido creciendo y hoy es uno de los principales motores económicos.
Las Religiosas de San José de Gerona llegaron a Palafrugell en 1891 y se establecieron en una casa de la parroquia. La fundación fue propiciada por un grupo de señoras que deseaban tener hermanas en la ciudad, como había en otras poblaciones de Gerona. Su misión era servir y velar enfermos en sus domicilios y hospitales.
Formaban la comunidad cinco hermanas al servicio de los enfermos.
Enseguida empezaron su apostolado de cuidar a los enfermos: fueron dos hermanas a cuidarlos. En diciembre de 1896 pudieron tener la santa Misa en el oratorio. En 1897 se establecieron en una casa de la calle Tarongeta, adquirida por el Instituto. En enero de 1901 les dejaron tener permanente el Santísimo Sacramento.
La hermana Facunda llegó a esta comunidad, después de la profesión perpetua. La comunidad había crecido en número y estaba formada por nueve hermanas. La hermana Facunda iba a cuidar a los enfermos en sus domicilios y se distinguía por su dedicación, humildad y atención. Allí continuó su servicio a los enfermos según el espíritu del Instituto y así lo veía practicar en sus hermanas de comunidad.

 

 

PALAMÓS
La villa de Palamós se encuentra situada en la costa mediterránea de la provincia de Gerona, ha sido desde antiguo un pueblo de pescadores. En la actualidad es uno de los puertos más importante de Cataluña.
Las Hermanas de san José llegaron a este pueblo el 6 octubre 1893, por iniciativa de un grupo de señoras de la villa, para cuidar enfermos a domicilio, como ha quedado notificado en la vida de la Madre Fidela Oller.
Fueron recibidas con gran entusiasmo por la población, que las esperaba impaciente. Las señoras las acompañaron a la casa donde tenían que instalarse y que encontraron muy bien provista de lo necesario. No tardaron en comenzar su misión de velar enfermos a domicilio.
En 1919 se trasladaron al santo hospital de aquella villa a instancias de la Junta directiva del centro, que conocía el modo de asistir a los enfermos en otros hospitales y así lo querían para el suyo. Para la comunidad fue una tarea añadida a sus actividades, que siempre desempeñaron con tal interés y acierto, que fueron la admiración de cuantos las trataban.

 



La madre Fidela Oller fue nombrada superiora de la comunidad del hospital de Palamós en 1921. De nuevo se encontró aquí con la hermana Facunda. Durante tres años estuvieron juntas. En 1924, la hermana Facunda fue trasladada a Sant Feliu de Guixols (Gerona).

SAN FELÍU DE GUIXOLS
San Felíu de Guíxols es un municipio de la comarca del Ampurdán en la provincia de Gerona, en la costa mediterránea (Costa Brava), cuyos habitantes se dedicaron desde antiguo a la pesca, que era su principal fuente de riqueza. En el siglo X se estableció el monasterio benedictino que ejerció un poder feudal durante gran parte de la Edad Media. Las actividades principales eran las derivadas de la pesca que fueron la principal fuente de riqueza. Más tarde se desarrolló la industria del corcho, que se mantendrá hasta nuestros días como una forma de vida. La población se industrializó a lo largo del siglo XIX y creció en número de habitantes. Desde mediados del siglo XX el turismo se convierte en la principal fuente de riqueza y crecimiento.
La fundación de San Feliu de Guixols fue organizada en vida de la Madre Fundadora, pero se llevó a cabo poco después de su muerte. Una de las características de la madre Fundadora fue contemplar las fundaciones en dos modos diferentes, tanto para los hospitales como a domicilio.
La hermanas llegaron a la villa el 2 octubre 1884 para sisitir a los enfermos a domicilio. Vivían al principio en la calle de la Cruz. Más adelante pasaro a la calle del May a otra casa que fue residencia de la comunidad desde 1904 hasta finales de 1966, con oratorio semipúblico.
A esta comunidad fue enviada la hermana Facunda Margenat en 1924, con la misión de atender a los enfermos en sus domicilios, cuidándoles de día o de noche, siempre con mucha caridad y dedicación. Eran trece hermanas en esta comunidad. La capacidad de la casa era amplia, de manera que en varias ocasiones, se reunían un buen número de hermanas para practicar ejercicios espirituales.
Años más tarde la comunidad pasó a residir en el Santo Hospital para asistir a los enfermos del mismo. La casa de la calle del May fue adquirida por el ayuntamiento que conservó el nombre por el que era conocida por la población: “Les Vetlladores” (Las Veladoras).

 

 


VIDA EJEMPLAR
La hermana Facunda se distinguió siempre por su sencillez y humildad. A ejemplo de la Madre Fundadora, destacó por su caridad para con los enfermos, por su discreción y prudencia. 

 

 
Cuñado y sobrinas de la hermana Facunda: Sor Teresa y Carmen
Cuando venía a Gerona, pasaba a visitar a su familia. Solían invitarla a comer pero siempre declinaba esta invitación para poder estar con la comunidad. Admiraban su bondad y entusiasmo por la asistencia a los enfermos. En ella veían una auténtica religiosa.
Su oración por las necesidades de la iglesia y por la conversión de los pecadores era constante y así lo reflejó en los últimos días de su vida cuando pedía a las hermanas de la comunidad, orar por los perseguidores de la fe.
Transcurrió su vida cuidando los enfermos tanto a domicilio como en pequeños hospitales, siempre disponible a aceptar el destino donde la enviaba el Instituto en bien de los enfermos.

4. ÚLTIMO DESTINO. BARCELONA

COMUNIDAD DE CALLE MALLORCA
La comunidad de la Calle Mallorca fue fundada en noviembre de 1921 para dedicarse al cuidado de los enfermos en sus domicilios, igual que ya lo hacían las hermanas de la comunidad de la calle Enrique Granados, establecida unos años antes. Inicialmente eran nueve hermanas, pero poco a poco fueron aumentando en la medida que aumentaban las peticiones de los enfermos. Llegaron a ser 25 hermanas.
A esta comunidad llegó la hermana Facunda Margenat en 1929, cuando ya tenía una amplia experiencia en la atención y cuidado de los enfermos, ansiando también servirlos aquí, con toda caridad. A pesar de ser una ciudad tan grande y bulliciosa, la hermana Facunda no perdía su serenidad y dedicación en el servicio.

 

 


En Barcelona ya eran años difíciles y conflictivos, se empezaba a perseguir todo lo que tuviera sentido religioso, pero el apostolado que ejercían las hermanas, casi siempre en horas de la noche, hacía que pasaran desapercibidas para la mayoría de la gente, nada impedía que el servicio al enfermo fuera lleno de caridad y dedicación, sin distinguir su ideología.

 

 

 


GRAVE ENFERMEDAD Y RECUPERACIÓN
Mientras la hermana Facunda se dedicaba de lleno al servicio de los enfermos, comienza a notar que las fuerzas le faltaban y a no encontrarse bien.
Se agravó tanto que hubo de ser intervenida en la clínica de Nuestra Señora del Remedio, regentada por sus mismas hermanas, las religiosas de san José. Ellas la atendieron con gran cariño y solicitud. Su estado grave aconsejó que lo comunicaran a la familia y enseguida fueron a verla sus sobrinos Carmen, Teresa, Ramón Cervera Margenat, y su esposa Francisca Moré, que constataron su gravedad. 

 



Pero quiso la Providencia que se restableciera de esta enfermedad y una vez recuperada, regresó a la comunidad de la calle Mallorca para continuar la convalecencia.

DE NUEVO AL SERVICIO DE LOS ENFERMOS
Por este tiempo la situación en Barcelona se hacía cada vez más difícil a causa de las revueltas iniciadas después de 1931 y agravadas en 1934. La hermana Facunda, ya muy restablecida, pidió a la superiora Nuria Xargayó, volver a cuidar enfermos. Ella la envió con un enfermo que vivía en la misma calle, para que no se fatigara caminando mucho y le facilitara la asistencia a la vida de comunidad. Era el verano de 1936. Cuando regresaba a la comunidad, comentaba con las hermanas lo que había observado en el trayecto, pues ya se notaban aires de persecución contra la iglesia. Lo mismo hacían las demás, manifestando su preocupación por lo que oían de quema de conventos, de sacerdotes perseguidos, del odio a la religión. La hermana Facunda, que era muy silenciosa y sencilla, comentaba:
¡quisiera dar la vida para que se conviertan estos asesinos que van contra Dios y la Iglesia! Hermanas, recemos por su conversión.
El 19 de julio de 1936 estalló la revolución en Barcelona de forma muy violenta, recrudeciéndose la persecución hacia todo lo religioso. Las hermanas tuvieron que dejar sus hábitos y vestirse con ropas seglares que las mismas familias de los enfermos les prestaban.
Las superioras de las comunidades de Barcelona buscaron refugio para las hermanas y la mayoría lo encontraron en la casa de los mismos enfermos que cuidaban,º1 otras permanecieron en la comunidad hasta que cierto día del mes de agosto llegó un piquete de milicianos al piso de la calle Mallorca, número 336, donde residía la comunidad y a las pocas hermanas que estaban, las echaron a la calle sin permitirles sacar absolutamente nada de la casa. La violencia empleada por el piquete asustó sobremanera a la superiora Nuria Xargayó, porque se quedó sin recursos para que las hermanas pudieran encontrar un refugio y porque, sin la libreta donde anotaba las hermanas que estaban cuidando enfermos y las familias de estos, no podía recordar donde estaban las que faltaban, entre ellas, la hermana Facunda, que aún estaba algo delicada de la operación sufrida y esto preocupaba más a la superiora.

EL ENFERMO D. JOAQUÍN MORALES
La hermana Facunda acudía puntualmente a cuidar al enfermo. Era el Sr. Joaquín Morales Martí, que vivía con sus hijas Dolores y Ángeles, y sus criadas en el piso primero de la misma calle Mallorca, número 259.

 

 


La vecina del piso superior, Sra. Rosa Portas, le prestó alguno de sus vestidos, pues las hijas del enfermo eran unas señoritas jóvenes y sus ropas no le caían bien a la hermana Facunda. Así acudía al cuidado del enfermo cada noche hasta que la situación se hizo insostenible.

 


Cuando expulsaron a las Hermanas de la casa, la hermana Facunda era una de las que ya estaba refugiada. Ella se había quedado en la casa del enfermo, Sr. Joaquín Morales, pero la madre Nuria no lo recordaba. Llegó a tal extremo la situación de la madre Nuria que hubieron de internarla en la clínica del Remedio para un tratamiento. Entre tanto, el resto de las hermanas desconocían el lugar donde estaba refugiada la hermana Facunda. Hasta pasada la guerra no supieron con certeza cuál había sido su destino.

 


La familia sintió un gran alivio al quedarse la hermana Facunda en la casa con el enfermo. También él lo agradeció porque apreciaba sus atenciones y cuidados, y la familia, porque la presencia permanente de la hermana les evitaba tener que ir diariamente a curar al enfermo según contó la Sra. Teresa Basols, su nuera y como sabían que el suegro estaba atendido por una religiosa, las visitas eran menos frecuentes.
A la hermana Facunda la vio una o dos veces antes de estallar la guerra, cuando iba con su marido a curar al suegro, la vio cuando llegaba para cuidarlo durante la noche y ellos se marchaban. Recuerda que era no muy alta y algo llenita, y que todavía llevaba el hábito.
La señora Rosa, que era una mujer buenísima, que vivía con su marido en el 2º piso del mismo inmueble donde vivía su suegro, le dijo que había prestado vestidos suyos a la hermana, para que se cambiara. Ella debió guardar bien los hábitos entre la ropa oscura que ella usaba, pues después nunca los vio entre las ropas de sus cuñadas.

5. DENUNCIADA POR SER RELIGIOSA

-SILENCIO Y SERVICIO
La hermana Facunda permaneció al lado del enfermo durante un tiempo que la Sra. Teresa Basols no pudo precisar. En silencio y puesta en las manos de Dios, la hermana atendía al enfermo, le curaba como le había enseñado su hijo, tenía tiempo para rezar, hablar con él, ayudarle a tener paciencia con sus sufrimientos, aliviándole en lo que podía, sin separarse de su lado, de tal manera que en una ocasión hicieron un registro en el piso y la hija mayor, Dolores, les suplicó que no molestaran a su padre, que estaba muy mal. Ellos se lo creyeron, probablemente porque a través del portero supieron que así era, y no entraron en la habitación del enfermo, donde la hermana estaba cuidándolo.

LA PORTERA DE LA CASA
Pero la estancia de la hermana Facunda en la casa del Sr. Morales no pasó desapercibida a la portera, llamada Plácida.
Ella enseguida se lo dijo a su marido:
- Mira, la hermana que cuida al Sr. Joaquín se ha vestido de calle y se ha quedado con él.
Él nada respondió pero días después, unos milicianos capitaneados por Alejandro, el marido de la portera, llegaron una noche, subieron al piso y arrancaron a la hermana Facunda de la cabecera del Sr. Joaquín, sin compadecerse del enfermo ni de la hermana algo mayor, y se la llevaron. Al salir, ordenaron a la hermana que les siguiera. Ella, según comentario de aquella familia, contestó a los milicianos:
- “Les sigo por obediencia”.
La obligaron a bajar la escalera deprisa y como le costaba un poco, la empujaron haciéndola caer, rompiéndose la mandíbula inferior, la levantaron violentamente y la arrastraron hasta el coche que tenían preparado en la puerta de la calle.
ÚLTIMO SALUDO
Al salir de la casa y pasar ante la portera señora Plácida, la hermana Facunda la saludó y se despidió de ella diciéndole adiós con la mano. Era la misma, quien había comunicado que en aquel inmueble había una religiosa que estaba cuidando a un enfermo. Recordaba la señora Esperanza García-J, de haber oído a su madre Rosa lo que la portera le decía: “cuando vinieron a buscarla, al salir me saludaba y me decía adios con la mano”, y le impresionaba saber que era una monja “veladora” que asistía al señor Joaquín Morales que estaba muy enfermo. Su madre Rosa había conocido a la hermana Facunda y le había dejado algún vestido.
Luego metieron a la hermana en un coche y desapareció.
La familia del enfermo nada supo de lo ocurrido con la hermana Facunda. El señor Joaquín viendose sin la hermana, se sintió desamparado y ante lo sucedido no quería comer, poco después el ....... de septiembre falleció. La familia se veía perseguida y se llevó a las dos hijas a vivir a otro lugar de Barcelona, por temor a ser denunciadas también por la portera.


6. CAMINO DEL MARTIRIO

HACIA EL HIPÓDROMO
El camino seguido por el coche fue hacia la carretera del Hipódromo, entre Montjuic y el mar. Según testimonio de la portera a los vecinos del inmueble, aquella misma noche la asesinaron. Al día siguiente la encontraron muerta a la orilla de la carretera del Hipódromo, al lado de otros tres cadáveres de hombres, presuntamente sacerdotes o religiosos.

 

 



Los recogieron en una camioneta y los llevaron al depósito de cadáveres del Hospital Clínico de Barcelona..


EN EL HOSPITAL CLÍNICO DE BARCELONA
En el libro registro de entrada de cadáveres, abierto en el Hospital Clínico de Barcelona con motivo de la revolución y persecución religiosa, figura que el cadáver de la hermana Facunda, junto con los otros tres, fue ingresado en el depósito a las 10h de la mañana del día 27 de agosto de 1936. Por orden del forense le colocaron un número: 4535. Le hicieron una foto y con este mismo número, abrieron varias fichas con sus datos: una mujer (Hipódromo) de unos 50 años. Talla baja, traje negro, ropas marcadas con el n. 34, lleva objetos religiosos, presenta heridas por arma de fuego en la región posterior del cuello, tórax y hombro derecho, fractura maxilar inferior. Diagnóstico: hemorragia cerebral traumática. 

 


Estuvo expuesta al menos parte de tres días. La única que lo supo, fue la portera pero no lo manifestó porque no le importaba. Así lo explico la señora Esperanza, hija de la señora Rosa Portas: “Oí decir a mi madre que la portera fue al Hospital Clínico de Barcelona y allí vio el cadáver de la hermana Facunda y decía: “Pobrecita, ha quedado muy bien, parece como si durmiera”. La portera le dijo que había ido al día siguiente del martirio, al otro día y al tercero, ya no estaba”. Todo esto le quedó muy grabado a la Sra. Esperanza porque era una cosa muy triste.

 

 


Según consta en los Servicios Funerarios de Barcelona, el cadáver de la hermana Facunda fue trasladado al cementerio de Montjuic y enterrado el día 29 de agosto, anotado con el n. 4993 se da sepultura al cadáver de una mujer desconocida procedente del Hospital Clínico con el n. F 4535, en la Fosa común, donde había ya cientos de personas no identificadas por las familias, y allí permanece.

 
En el Registro Civil de defunciones figura como mujer desconocida, pero con datos que se reflejan en las fichas:

Una mujer desconocida.

En la ciudad de Barcelona (Cataluña), a las doce horas y minutos... del día primero de septiembre de mil novecientos treinta y seis, ante D. Francisco de P. Salvá López, Juez municipal, y D. Francisco Serrano Ramos, Secretario, se procede a inscribir la defunción de una mujer desconocida, de unos cincuenta años de edad, natural de [en blanco] Falleció en esta, Hipódromo, el día veintisiete de agosto, a las .... horas [en blanco], a consecuencia de hemorragia cerebral traumática, según resulta de oficio recibido y reconocimiento practicado, y su cadáver habrá de recibir sepultura en el Cementerio del Sud-Oeste.
Esta inscripción se practica en virtud del oficio del juzgado de instrucción n. 7 de ésta, traído por D. Joaquín Serrallonga Grau, mayor de edad, casado, de Barcelona, habitante de la calle Muntaner, 82.
Consignándose además, la difunta vestía ropa negra, y marcada alguna pieza con el n. 34.

Las hermanas del Instituto y la comunidad de Barcelona no llegaron a saber exactamente lo que ocurrió con la hermana Facunda hasta pasada la guerra, porque ellas también estaban perseguidas y refugiadas.
Terminada la guerra, un día una mujer llegó a la Clínica del Remedio llevando un fardo de ropa, pidió ver a la superiora y le dijo que eran las ropas de la hermana Facunda. Explicó lo que sabía pero desapareció sin decir su nombre, ni dejar señas. Lo que ella contó ha sido transmitido oralmente a las hermanas desde que supieron lo sucedido a la hermana Facunda.

DECLARACIÓN DEL SR. JUAN GARCÍA-JUNCEDA
En 1939 se comenzó a recoger documentación sobre las personas asesinadas durante la contienda. En Barcelona, era trabajosa esta investigación por la extensión de la ciudad. Se hizo un formato de documento para que declararan todos los porteros y persona más antigua de cada inmueble, habiendo un encargado por calle para recogerlos y entregarlos a las autoridades correspondientes.

 


En el documento del número 259 de la calle Mallorca, hace esta declaración el Sr. Juan García-Junceda Supervía, vecino más antiguo, importante dibujante de la época y católico reconocido, esposo de la Sra. Rosa Portas y padre de Esperanza, junto al portero del inmueble, que no eran el Alejandro y su esposa Plácida que hubo durante la persecución, sino otro.
Él portero anterior y toda su familia desaparecieron de allí y no se supo más de ellos.

En dicha declaración dice que en el inmueble “fue asesinada la hermana Facunda, veladora de enfermos cuando atendía al Sr. Joaquín Morales, que vivía en el piso 1º”.

 



CONCLUSIÓN
Para concluir se puede decir que la hermana Facunda Margenat era de estatura mediana, más bien llenita, de ojos negros, y corte de cara redondo.
Su personalidad era sencilla y acogedora, cariñosa con todos, servicial y de trato amable.
Con los enfermos tenía mucha paciencia y caridad, era entregada y cercana; los cuidaba con esmero y responsabilidad, era muy abnegada, austera, sobria, muy humilde y silenciosa.
En la vida comunitaria era ejemplar. Facunda estaba dedicada totalmente al servicio de los enfermos, según el carisma de ver en el enfermo a Cristo, aliviando siempre el dolor al que sufre. Fue una auténtica veladora (cuidadora de noche).
También se distinguió por su donación al servicio de los enfermos. Vivió en plenitud la entrega al apostolado específico de las Religiosas de San José de Gerona: Servir y velar a los enfermos en los que veía el rostro de Jesús, su Esposo.
Las personas que la conocieron presentan a la hermana Facunda con una gran personalidad rica en virtudes teologales y cardinales, su vida estaba totalmente consagrada al Señor, la describen como una religiosa coherente, dedicada activamente al apostolado con los enfermos y responsable, al mismo tiempo que cumplía con ejemplaridad y exactitud sus deberes como religiosa y su vida comunitaria, como dicen algunos testigos de su estancia en Malgrat de Mar y en Barcelona.
La sencillez de su vida y el empeño en vivir profundamente lo cotidiano en grado heroico, la habían preparado para dar la vida por el Señor, como lo hizo cuando el conflicto la sorprendió, viviendo en el más completo silencio y fuera de la comunidad, refugiada.
Cuando arreció la persecución religiosa y supieron de los desmanes que se cometían en Barcelona, sobre todo en lo referente a la Iglesia y el culto, ella manifestó que estaba dispuesta a dar su vida para la conversión de quienes perseguían a Dios y a la Iglesia, vivía preparada.
En los recreos comunitarios había manifestado a las hermanas, cuando en Barcelona ya se sentía y se vivía un ambiente incierto y de gran peligro para la iglesia, su deseo de paz ante la violencia:
«¡Quisiera dar la vida para que se conviertan estos criminales que persiguen a Dios y a la Iglesia!».
Para su familia era una religiosa ejemplar que se había entregado al Señor para ayudar a los enfermos que tanto sufrían. Referente a su vocación la consideraban como una religiosa piadosa, un alma de oración, que edificaba su postura de verdadera religiosa, fiel a los votos contraídos, vivía la pobreza.
Con su consagración al Señor fue consecuente y definitiva, como atestigua su sobrina, Sor Teresa Cervera:
«Mi padre la invitó a que se quedase a comer con nosotros; nuestra tía Facunda declinó la invitación, poniendo como excusa que iba a entrar de ejercicios espirituales y que debía estar con las religiosas en su casa».

Los restos de la hermana Facunda continúan en la Fosa Común del Cementerio de Montjuic, donde es imposible acceder a ellos.
Su Santidad el papa Francisco firmó el decreto de martirio el día 22 de enero de 2015, festividad de San Vicente mártir.